Si
por salud entendemos el conjunto de las condiciones físicas
y químicas ideales de un organismo determinado, la enfermedad,
por el contrario, será el mal funcionamiento de los órganos
de dicho organismo o de las funciones de los mismos.
Desde
el punto de vista de la naturopatía, la enfermedad es un estado
del organismo, consecuencia directa del modo de vivir.
Cuando
sometemos a nuestro organismo a excesos tales como, por ejemplo, uso
de excitantes como alcohol, tabaco, café; llevamos una vida
sedentaria; nos alimentamos de manera inadecuada (bien por exceso,
o bien por defecto) estamos debilitando nuestro cuerpo y estamos,
por ello, más expuestos a la enfermedad. Así, cuando
a esta transgresión de las leyes fisiológicas, sumamos
un cambio del medio que rodea al individuo (calor, frío, humedad,
etc.) y lo combinamos con las ingerencias de un agente parasitario
o infectante, se puede desarrollar la enfermedad.
La
naturopatía se fundamenta en la reacción del propio
organismo, no inhibe los síntomas, sino que los encauza centrando
su atención en las causas que han desarrollado esta enfermedad
y dirige el tratamiento hacia el organismo como unidad. Se puede decir
que la medicina natural estudia, no a la enfermedad, si no a los enfermos.
Resumiendo, el objetivo primordial de la naturopatía es enseñar
a la persona a llevar una vida sana, para de este modo, poder prevenir
la enfermedad. No obstante, si ésta aparece, el naturópata
buscará combatir las causas fundamentales que la han producido,
tratando el cuerpo como una unidad.
Así, eliminando del modo de vida del paciente los malos hábitos
y, ayudándose de la fitoterapia, la dietética, etc.,
se consigue restablecer la normalidad física, química
y funcional de un organismo para que de esta forma, sea la propia
naturaleza del enfermo la que realice la labor de sanar.